Hoy por motivos que comprenderéis en las siguientes lineas, no hay capítulo de “Calle desierta”.
Hoy les traigo el relato “Diario de una mente diferente” son 5 páginas (10 a doble párrafo), como espero que se comprenda… es mucho texto. Y si ya el 3º capítulo nadie dejo comentario… pues dudo de que lo leyeran y por tanto, también dudo de que alguien lea todo esto.
Y no se el resultado del “Torrente Ballester” y eso que se supone que era hoy cuando daban el resultado.
También tengo una mala noticia “Calle desierta” acabará el miércoles (si no es por poner esto, hubiera sido hoy), los motivos y final… ya los conocerán el miércoles.
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Diario de una mente diferente
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Cuando me preguntan el porqué de mis actos, me quedo pensando si realmente quieren saber de la larga historia que me llevó a acabar aquí. No me mires de forma extraña, aunque bien cierto es que tenemos muchas diferencias. Cuando acabes estas paginas si fuiste capaz de abrir tu mente, descubrirás que somos iguales, que tal vez yo pudiese ser tu padre, tu hijo, tu hermano, tu esposo o tal vez tú. Que por muchas injusticias y justicias que haya cometido, soy una persona exactamente al igual que tú.
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1º Día
Decir que nunca has soñado con matar alguien es mentir. Todos alguna vez lo hemos deseado hacer.
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Empiezo a darme cuenta del cambio que he dado. Me miro al espejo y no me reconozco, no son las gafas. Es la sensación a podido, a perdido, a muerto que noto provenir del fondo de mi cabeza.
Recuerdo aquel día. La paliza que recibí por ser diferente, por no pensar como hacen todos. Estaba en el momento equivocado y en el lugar equivocado; ese fue mi principio. Ese día perdí la fe en el progreso y decidí dar un rumbo extraño a mi vida. Mirar mi pecho, la cicatriz que lo atraviesa. Solo querían divertirse proporcionando un poco de sufrimiento que durará para toda la vida al primer diferente que se encontraran por la calle.
Ese día fue la primera vez que en mi mente apareció el deseo de matar. El deseo de matar a todo el que me hiciera daño o a alguien que los conociera. Da lo mismo el motivo ahora, cualquier excusa ahora ya me sirve para seguir sintiendo correr la sangre por mis manos. Ese día fue el que condene mi inteligencia racional para introducirme en este bonito mundo de ayudante de la muerte.
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2º Día
La venganza, ese delicioso plato de comida.
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Ayer fue un día de muchas sensaciones y pensamientos. Decidí no demandar, no confío en esa justicia de la sociedad, me gusta mucho mas mi justicia basada en la venganza. Los que me pegaron sé dónde estudian, no está muy lejos de mi barrio.
Me llevaré la mochila de clase vacía, meteré el cuchillo de carnicero que tengo en casa y el hacha que le he quitado a mi padre del maletero del coche. La palestina que me compré en el rastro de León; así no me reconocerán. Es hora de dejar este lugar que llamo hogar, hoy será la ultima comida que tomare sentado en una mesa con mis padres. Sabía que no aguantaría las lágrimas. así que agarre todo el dinero que tenía ahorrado y me fui sin despedirme, seguro que no me echarán de menos cuando descubran qué voy a hacer.
El frío de diciembre se clava en mi piel, creo que debí haber cogido más ropa. Solo llevo mis zapatos, unos vaqueros y una sudadera negra. El poco dinero acumulado en la hucha tal vez me ayude a sobrevivir unos cuantos días fuera de casa; confío en que sean los suficientes y pueda regresar algún día.
La ciudad, como siempre, tiene un aspecto hostil, nunca hace buen tiempo para mí. Cuando cultivaba el huerto con mi abuelo, no llovía, se secaba todo y ahora las estúpidas nubes deciden ponerse a llover en mi marcha. No llegaré muy lejos con este frío y la lluvia calándome hasta los huesos. Voy a refugiarme al Zurgén, en las obras de lo que parece que será un nuevo edificio en esta ciudad que se halla deshabitada.
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3º Día
El despertar entre las máquinas.
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Entre las vigas sin usar y al lado de la hormiguera establecí mi peculiar asentamiento durante la noche. No es lo mas cómodo del mundo, pero por lo menos supera al sofá al lado de la televisión. Si se han percatado de mi huida en casa, sólo puedo decir que no lo sé y realmente no me importa ahora mismo, solo tengo en mi mente la idea de vengarme.
Recogí lo poco que haya descolocado el lugar y me voy antes de que vengan los forjadores de estos colosos de acero, hormigón y ladrillos. Pero antes de irme me llevaré de recuerdo esa bonita palanca y esa linda maza, mudos testigos de toda la noche. Como pesaban bastante, deje el hacha allí, por un día que mi mochila pasara no le pasaría nada a mi espalda.
Aunque se que no es potable y pueda que me siente mal después bebí agua de lluvia que cayo en un cubo a sabiendas que tal vez no vuelva a beber en lo que quede de día. Sin perder ya mas tiempo, salí de la obra y me fui en busca de algunas de mis futuras víctimas. A ver si conseguía sacar información para conseguir direcciones y nombres de las demás.
Llevo cerca de 7 horas recorriendo las calles de la ciudad por donde fui agredido, no reconozco ninguna cara y comienzo arrepentirme de mi decisión. A este paso el sol se pondrá antes de que encuentre a alguno.
Cuando mis esperanzas de conseguir en este día los datos para vengarme tuve la enorme suerte de reconocer sentado al lado de la ventanilla del autobús a uno de ellos. Con unos auriculares y sonriendo a la calle, será que no se da cuenta de mi presencia y por eso aun no tiembla de miedo.
Parada de bus tras parada, llego sin el éxito de verle bajar para no alarmar con mis ideas a los demás pasajeros. Ya quedan pocas paradas y pronto bajara, es lo único que da fuerzas a mis piernas para seguir corriendo detrás de ese supuesto vehículo ecológico. Mis fuerzas internas son recompensadas con esa silueta desprevenida con sus cascos andando. Aunque el autobús lo ha abandonado hace tiempo, aun lo pude encontrar.
Saco la palanca de la mochila y con las escasas fuerzas que me quedan corro a una velocidad que nunca antes había alcanzado, será la posibilidad de comenzar hoy la venganza lo que me ayudo. Sin que me vea salto sobre su espalda con la palanca de la mano y le asesto un fuerte golpe en la columna con ella. Me complace oír le gritar, pero si sigue así mucho me atraparán y le piso la cabeza contra el suelo para que no sea capaz de gritar. “Tú, ahora mismo vas apuntar en este papel los nombres de tus amigos con los que pegasteis a un chico el viernes.” le dije. Y rápido contesto con ayuda de un golpe afirmativamente cumpliendo mis ordenes. “Gracias, no te arrepentirás de haberlo hecho. Si te quedaste mirando y no hiciste nada, la culpa será tuya, haberles impedido hacer lo que hicieron era tu deber. Nuevamente gracias por venderlos” le dije despidiéndome con unas cuantas patadas. Lo deje cuando ya no se movía, pobre chico, pero él se lo gano con esas amistades que tenía.
Estoy lejos de la obra donde pasé la noche, hoy dormiré bajo uno de los arcos del puente romano. Ahí, cerca del verraco, no me atacara el viento con fuerza y podré descansar bien.
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4º Día
Calle de Antonio Llorente Maldonado.
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Sin haber descansado bien durante toda la noche por culpa del frío y la humedad, sentía cómo mis fuerzas comenzaban a desvanecerse por no comer. Pero tranquiliza mi alma el saber que pronto me vengaré y emprendo mi ruta de calles en busca de la primera. Estos momentos tan violentos los convierte aun mas la suciedad que llevo encima y no saber orientarme por calles cuyos nombres desconozco.
Calle Antonio Llorente Maldonado, es la primera de la lista. Rebusco en todos los barrios sin éxito en las personas que pregunté. Cada vez me siento más cansado, voy a entrar al Carrefour, mas conocido como Pryca en estas tierras castellanas que nunca se innovan. Siento cosquillas al ver un bote de nocilla, qué recuerdos vienen a la cabeza, compre un bote y una barra de pan y cuando me disponía ya a pagar para salir mi curiosidad aflora con la cajera. Bajo el frío saludo de cliente y vendedora, mi curiosidad hace que le pregunte por la calle, con la suerte de que la conoce y me explica cómo llegar. Fue tal la ilusión que abandone el Pryca sin hacer la compra y con las indicaciones de como llegar en mi mente.
Ya veo, por fin leo una placa con el nombre de la calle; lo he conseguido. Ya solo queda esperar a que se cruce. Las horas pasan sentado en la fría acera en busca de ese rostro hasta que por fin se dignó aparecer y sin darse cuenta de mi presencia me levanté y le seguí unos pasos.
Abro la mochila y saco la maza que tome prestada de la obra, la alzo al aire y salgo corriendo tras esa odiada silueta. Regresaba a su casa, ya tenía las llaves de la mano cuando lo embestí cayendo sobre el capó de ese coche aparcado.
Fue entonces cuando desate mi ira contra el mayor de los culpables de mi sufrimiento, una y otra vez le golpeaba con la maza de 6 kilos, aproximadamente. Al tercer golpe su rostro ya quedó desfigurado con la mandíbula suela y lleno de hemorragias.
Fue sencillo y no tuvo tiempo para llorar y ni para gritar. Mis golpes con la contundente maza seguían golpeando su cuerpo, ya inerte sobre el capó. Aunque ya lo único que hacía era salpicar de sangre y romper más huesos al cadáver continué hasta que con la ayuda de su sangre se deslizó hasta el suelo. Al caer el cuerpo inerte de vida, destapó el capó del coche todo abollado, saltos de pintura y manchas de sangre. La oscuridad de la calle me ampara, nadie me ha visto y el trabajo ya está acabado.
Clavé mi puñal en la carne ensangrentada para mancharlo y restregarlo por el nombre de la víctima. Un nombre borrado en su sangre de mi lista de venganza. Ya sólo me quedan 5 más y habré acabado.
Antes de que alguna vecina curiosa por los golpes levantaran las persianas para ver qué sucedía para tanto golpe en la calle, salí corriendo. No tengo tiempo para tachar otro nombre en lo que queda del día. He de regresar a mi nuevo hogar entre las máquinas de obra.
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5º Día
A cada paso que doy me delato como diferente.
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Que algo raro en mí sucede lo tengo claro desde aquel momento que marcaron mi alma para el odio y la venganza. Pero hoy no va a ser un día de sangre, demasiado con lo de ayer. He matado a una persona, dudo de mi espiritualidad después de a ver arrebatado una vida, aunque hay que destacar que esa vida no era inocente.
Considero que he metido seriamente la pata, ahora soy como ellos. Lo único que me diferencia a mi es el odio, por lo demás soy exactamente igual.
Paseo por la ciudad tratando de templar mis nervios y en busca de comida y agua a algún supermercado, no llevo mucho dinero encima, pero el suficiente como para darme un buen banquete y pensar.
¿Merezco vivir? ¿Realmente quise matarlo? Pero mis temores se hacen aún más violentos cuando leo en un periódico de un kiosco, “Salamanca sumergida en la violencia” y seguía al título “Un joven permanece en coma tras una brutal paliza y esta mañana ha aparecido el cuerpo de L.M.S. No pudo conseguir llegar a su casa y fue brutalmente asesinado…”
El bocadillo y el refresco que me compré se convirtió de un sabor amargo tras la lectura, no es un sueño de mi mente, ha ocurrido.
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6º Día
Amanece desde el otro lado.
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No me acuerdo de nada de lo que hice ayer, solo de que comí y bebí para alimentar un regimiento. Mis preguntas han sido contestadas por las estrellas en la espectacular noche de frío que he pasado al abrigo de la ciudad que según los periódicos está llena de violencia.
Mis pasos cortos y fugaces entre la doble catedral de mi bonita ciudad parecen tranquilizarme durante un rato, pero no lo consiguen y mi cabeza da vueltas. Demasiadas ideas diferentes, dolores y mucho frío pasado
El tiempo pasado en la calle me debilito demasiado. Caigo desvanecido entre los turistas que pasean por la plaza de Anaya.
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7º Día
Adiós hermosa, siempre recordaré todos nuestros buenos momentos.
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Sin duda desearía no haberme despertado. Que nadie me hubiera intentado ayudar y me hubieran dejado morir allí, haber muerto sin acabar esa odiosa lista manchada con sangre.
Postrado en una cama de una habitación que desconozco miro en busca de mi ropa que no encuentro. En la cómoda está la lista, el diario, el pilot negro enganchado en las anillas y mi mochila, espero que no haya sido abierta y tampoco nadie haya leído mi diario con anotaciones. Pues no deseo en estos momentos un abrazo de dos policías mientras me conducen al coche para llevarme a comisaría. Aunque no mentiré, no es muy humano ese abrazo, pero es un abrazo y recibir cualquiera en estos momentos me calmaría muchísimo.
Me levanto y encuentro mi ropa colgando de la ventana, mojada ya que la han lavado me la pongo y recojo todas mis cosas y les dejo la cartera con el dinero que me quedaba. Nunca me ha gustado aprovecharme de la hospitalidad de las personas. Y una nota con mi nombre y tratando de calmar los nervios que puedan ocasionar mi fuga.
Cuando veo la calle, me doy cuenta de que llevo dormido muchísimo tiempo. Creo que he pasado toda la noche y el día durmiendo porque el sol se comenzaba a desvanecerse en el horizonte. La ropa mojada pronto se congelará y seguramente acabe con síntomas de hipotermia en esta larga noche de diciembre.
Voy a mi anterior refugio en el puente romano. Y sin dudarlo un momento antes de esconderme en los arcos. Tiro la mochila con la maza y la palanca dentro, que el agua se las lleve lejos, lo único que llevaré conmigo manchado de sangre será la lista por si decido algún día por fin acabarla.
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8º Día
Cerillas, gasolina y una idea en la cabeza.
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Me siento raro, más raro de lo normal. Me siento como si pudiera con todo. Creo que estoy muerto, el frío pudo conmigo y por eso me siento como si tuviera fuerzas para todo.
Pero no, sigo desgraciadamente vivo con mis actos. Y voy caminando, visitaré el arrabal, con la suerte de que cuando cruzaba el puente encontré un billete de 20 euros empujado por una suave brisa.
Llegué a la gasolinera el trébol, no sé por qué, pero compré gasolina y cerillas, ya que los mecheros zippo eran muy caros aunque siempre quise usar uno de ellos para mi plan. Y partí hacía el arco del puente donde pasé la noche, derramé la gasolina y traté de encender varias cerillas sin éxito, hasta la octava, que tuve suerte y prendió. La dejé caer sobre la gasolina que rápidamente comenzó arder.
Es el momento, tal vez no vuelva a tener otra oportunidad así, otra oportunidad para morir al menos con el honor de haberme arrepentido de mis crímenes. Y purificar el alma como nuestros ancestros, con el fuego bajo el lema que tenían de que la llama purifica todo.
Salté al abismo de fuego, ese abismo en el que nunca mas volveré a pasar el frío que pasé estos últimos días. Ese abismo de fuego que me reunirá con las estrellas, tal vez a una reencarnación o quién sabe, puede que me llegue al cielo o al infierno.
Cuando encuentren mi cadáver devorado por las llamas, quiero dejar claro que yo me arrepiento de mis pecados, de todo lo que he cometido y me pregunto extrañamente por qué mis padres no hicieron ningún intento de busca cuando abandoné el hogar.
Quien encuentre el diario, le pido por favor que lo publique, que haga saber mi historia, una historia de alguien diferente a lo establecido, alguien que no piensa como los demás y que el odio le pudo.
Y sin más interrupciones permitirme ya despedirme para siempre y lanzarme a las llamas en busca del perdón. Adiós, las llamas amenazan con apagarse antes de que me arroje, me perdone los lectores de mi diario por acabar mi obra tirándome a las llamas.
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-Aquí finaliza lo que ha escrito tu hijo.- dijo una voz masculina
-Ya veo, imaginación parece que no le falta. ¿Pero tú crees que deberíamos permitir ver al mundo ese tipo de imaginación?- contestó la silueta femenina de la habitación.
-Es su vida, son sus historias. Por mucho que queramos censurarle para que nadie conozca esa faceta suya, siempre la tendrá.- le respondió el hombre
-Pero, es que quieres que la gente piense mal de tu hijo por escribir cosas de este estilo. Solo fomenta la violencia con estos textos. ¿no te das cuenta?- saltó impidiendo acabar a su marido.
-Muy bien, mis palabras te dan lo mismo, mujer. Haz como con todo lo demás, esconderlo en la caja que guardas en el armario con llave. Sigue robándole la vida junto su imaginación, estás solamente empeñada en que tu hijo sea un médico o un ingeniero, pero realmente no te preocupa qué futuro quiere él. Solo deseas que tenga un futuro establecido por ti. Algún día despertará de ese letargo que le tienes bajo mimos y buenos modales. ¿Cuando ese día llegue que le dirás? Tal vez era por tu bien., o no fui yo, fue tu padre que en paz descanse, porque a mi me mata que le hagas eso a nuestro hijo.- le contestó furioso el padre, abriendo la puerta para escapar de la casa.
-¡Eso, vete! Así demuestras lo que te preocupa tu hijo.- le chilló la madre por la ventana cuando el padre caminaba.
Mientras tanto, tras el otro lado de la pared., el joven hijo; escuchó toda la conversación. Su cara se ahogaba entre las lágrimas, sospechaba que algo raro ocurría cuando escribía pues todo le desaparecía. Pero no esperaba una verdad tan dolorosa.
Su llanto silencioso se agudizó al día siguiente, se encontraba solo en casa y abrió el armario de su madre. Una caja bastante grande que se abre con una llave como decía el padre, será todo cierto. No sabía cómo poderla abrir, no encontraba la llave y los fuertes golpes que le daba no producían ni el más mínimo arañazo. Qué hacer se preguntaba su sufrida mente, esperar a la llegada de su madre y preguntar qué se esconde dentro o creer en la conversación, pues el diario no se encuentra en su escritorio como lo dejó anoche cuando lo acabo de escribir y se durmió.
Sin pensar mucho más, actuó. Se vistió deprisa antes de que alguien llegara y se fue. Se fue como su padre anoche, para nunca más regresar. Se fue a recorrer las calles en las que los personajes de su imaginación cobran vida. Las calles en las que la lucha del bien y el mal se establece bajo la hipocresía de las personas. La lucha que concierne a toda la ciudad. La ciudad que guardará en su memoria los pasos que dio por la calle.
Con un ritmo agitado, sus pasos se aceleraron para comprobar esos mágicos lugares donde su imaginación obró una historia. La obra en el Zurgén sigue como en mi mente, poco la han avanzado desde la primera vez que la vi. La calle Antonio Llorente Maldonado, tan larga como siempre y con sus aceras limpias, pedían la sangre para acabar con su limpieza, como hizo en el diario. El puente romano desde siempre contemplando y cruzando a muchas personas a la otra orilla y sus arcos que cobijaron del frío en más de una noche y donde finalmente se suicidó en las llamas. Todos esos lugares en los que imaginó otra realidad diferente, todos esos lugares seguirán ahí a pesar de que su obra caiga en el olvido y nadie la lea.
El joven, ya como última visita en el puente, se asoma al río donde la mochila cayó para ser olvidada, rastrea la superficie del agua en busca de alguna prueba de que aún está imaginando la historia, pero no la encuentra. Y salta al agua en busca de la mochila para hallar la ilusión de que sigue escribiendo lo que imagina y no sabe esa dura verdad que descubrió. Entre la expectación de los que cruzaban y preocupaciones por su vida, su cuerpo es arrastrado por la corriente y yace ahogado ribera más abajo.
El agua apagó ese fuego de su mente para siempre, ese fuego en el que su personaje se quemó en busca de la muerte. Un fuego que jamás se volverá a encenderse.